No dudamos que conocer algo de historia, biología o geografía sea necesario pero, ¿no sería conveniente también enseñar a los jóvenes a pensar, crear, conectar y vender? ¿No te habría venido bien aprender algo de eso en el colegio?

El mundo se mueve rápido y la educación tradicional no mantiene el paso. Avanzamos hacia la digitalización, la movilidad y los negocios globales, pero poco de esto se refleja en los programas educativos.

En consecuencia, muchos jóvenes ven poco sentido en continuar en la senda tradicional y optan por el autoaprendizaje. La mayoría emprende y fracasa, y aunque personas como Evan Williams y Mark Zuckerberg tuvieron éxito sin necesidad de terminar la escuela, no dudamos que se habrían ahorrado muchos dolores de cabeza si hubiesen aprendido estas 4 habilidades antes de abandonar.

Posicionar una marca personal

Somos bombardeados incesantemente con publicidad, servicios y contenido, y sin embargo no se nos enseña a analizarnos como un producto, a identificar nuestra propuesta única de valor y mercado objetivo ni a posicionarnos en la mente de nuestros prospectos.

Si queremos que los jóvenes sean exitosos, debemos enseñarles a inventarse una carrera y a venderse al resto del mundo aprovechando las herramientas que la tecnología pone a su alcance.

Aprender a mostrar su experticia a persuadir y a sellar acuerdos son habilidades que a nadie le caen mal (a menos que seas un náufrago en una isla desierta).

Construir plataformas y redes

Mensaje, canales, clientes, partes interesadas… son palabras que poco se escuchan en las escuelas. Pero es difícil imaginar un negocio que se sostenga sin prestarle atención a estos aspectos.

En la escuela, nuestros jóvenes aprenden a pensar y a escribir pero, ¿qué tal si en vez de un ensayo les pidiéramos escribir un post convincente en un blog? ¿No sería más útil que aprendieran a expresar sus ideas al tiempo que aprenden cómo mostrarlas al resto del mundo y cómo medir la efectividad de sus argumentos con métricas como los números de lecturas o de comentarios generados? Comunicar y formar comunidades es tan importante como desarrollar ideas.

De hecho, en The $100 Startup, Chris Guillebeau recomienda a los emprendedores dedicar 50% del tiempo a crear y 50% del tiempo a conectar con otras personas.

Crear productos y servicios

La historia se repite una y otra vez: un emprendedor pasa meses o años ideando un producto, lo lanza al mercado y finalmente descubre que no hay nadie dispuesto a pagar por él. ¿Sería esto tan frecuente si en las escuelas nos enseñaran a desarrollar modelos de negocios?

Deberíamos estar enseñando a los jóvenes enfoques para crear productos y servicios que la gente realmente necesite, incluyendo aspectos poco considerados por los emprendedores en ciernes como son la distribución, el cálculo de costos, cómo poner precios y cómo gestionar los riesgos de un negocio.

Fracasar con inteligencia

El emprendedor solitario suele enfocarse en su producto y en su plan A, cuando la realidad muestra que prácticamente nadie alcanza el éxito implementando la versión inicial de su producto o servicio.

Si como comenta Ash Maurya en Running Lean, dos tercios de los emprendedores exitosos señalan haber modificado sus planes en el camino, entonces nuestros educadores harían bien en enseñar que ningún plan es definitivo y que debemos estar preparados para ajustar las velas de acuerdo con la dirección en que sople el viento.

Esto implica fomentar el desarrollo de la capacidad, tenacidad y coraje requeridos para cambiar productos, estrategias de mercadeo y hasta marca e industria, cuando esto es necesario.

Si sabemos que el emprendedor exitoso típico pasó por planes A, B, C, D,…Z antes de conseguir un modelo rentable, entonces deberíamos enseñar a nuestros jóvenes a adaptarse, a probar sus hipótesis y a ajustar sus modelos hasta encontrar el camino hacia el éxito.

Avanzamos hacia la digitalización, la descentralización, el trabajo remoto y la prestación de servicios. Si queremos que los jóvenes sean capaces de prosperar en este nuevo ecosistema.

Tenemos que enseñarles que ellos son su propia marca, que deben aprender a mercadearse, a crear productos y servicios a partir de ideas que buscan resolver un problema para un mercado específico y a construir el éxito a partir del ensayo y el error, sin descorazonarse frente a los inevitables fracasos momentáneos. En suma, ¡es hora de que en la escuela se enseñe a emprender!

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